Paz en Nagorno-Karabaj

*Por Pablo Jaruf

Durante las últimas semanas fue noticia recurrente la reanudación de los enfrentamientos armados entre Azerbaiyán y Armenia debido a la disputa en torno a la región de Nagorno-Karabaj. Hace unas pocas horas se llegó a un acuerdo de paz que todavía no ha tenido la repercusión esperada. Según las primeras declaraciones que se conocen, Nikol Pashinyan, el primer ministro armenio, ha aceptado a regañadientes, pues si bien Nagorno-Karabaj mantiene su autonomía, deben retirarse de los territorios que controlaban desde 1993. El descontento de varios sectores no se hizo esperar y manifestantes asaltaron la sede de gobierno.

Como vemos en la imagen superior, publicada por la agencia Telám, la parte en color naranja claro indica la región de Nagorno-Karabaj, cuyo parlamento, a fines de la década del '80, en el contexto de la descomposición de la URSS, votó unirse a Armenia, debido a que la mayor parte de la población del lugar es (y sigue siendo) de esa nacionalidad. Esta decisión no fue respetada por Azerbaiyán, que pasó a reprimir fuertemente el movimiento secesionista, provocando el inicio de la Guerra del Alto Karabaj. La escalada del conflicto llevó a los parlamentarios locales a declarar su independencia bajo el nombre de República de Artsaj, que al día de la fecha todavía no es reconocida por casi ningún país del mundo. En defensa de esta república, Armenia invadió Azerbaiyán y desde 1993 pasó a controlar militarmente los territorios indicados en el mapa con rayas anaranjadas. Dicha ocupación implicó la emigración de azeríes hacia otras partes del país, así como también la realización de asesinatos masivos por parte de los ejércitos de ambos países.

Ahora bien, en los últimos meses, Ilham Aliyev, presidente de Azerbaiyán, manifestó su intención de volver a reanudar las operaciones militares, con el objetivo de expulsar a los armenios de su territorio, lo que también incluía, claro está, volver a incorporar a la República de Artsaj. Lo irónico es que todo esto sucedía pocas semanas después de un acercamiento entre ambos países, en el cual parecía comenzar a resolverse el conflicto.

A fines de septiembre estas amenazas se concretaron, reanudando los enfrentamientos. Pero el factor que aceleró la escalada fue el fuerte discurso anti-armenio del primer ministro turco, Recep Erdogan, quien, repitiendo argumentos que en su momento justificaron el genocidio armenio*, se inclinó fuertemente a favor de los azeríes, dejando a los armenios prácticamente encerrados. La intervención de la Federación Rusa para llegar a una paz ha rendido rápidamente frutos, evitando que Nagorno-Karabaj terminara de caer en manos de Azerbaiyán, pero obligando a los armenios a retirarse de varios territorios.

¿Cuánto durará este nuevo acuerdo? Por el momento evita que sigan muriendo civiles inocentes a ambos lados de la frontera. Es probable que pronto unos u otros vuelvan a jugar las cartas del chauvisno y quieran resolver sus problemas domésticos orientando el rencor hacia sus vecinos más cercanos. Sin embargo, habida cuenta que se trata de un territorio muy pequeño, donde ninguna entidad política puede subsistir solo a partir de sus propios recursos, se torna imperiosa la cooperación y el trabajo conjunto. Espero que esta paz sea aprovechada en ese sentido.

 

*Es sabido que la República de Turquía ha negado sistemáticamente que haya habido un genocidio armenio. Si bien reconoce la existencia de crímenes, los atribuye a insubordinados que en su momento fueron debidamente juzgados. No obstante, documentos en el extranjero y en el mismo país demuestran que existió un plan sistemático de eliminación. Al respecto, recomiendo la lectura de dos obras, traducidas al castellano, del historiador turco Taner Akçam: Un acto vergonzoso. El Genocidio Armenio y la cuestión de la responsabilidad turca (2010, Ediciones Colihue), y El crimen de lesa humanidad de los Jóvenes Turcos. El genocidio armenio y la limpieza étnica en el Imperio Otomano (2016, Prometeo Libros).

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